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El amor de Dios no ve con los ojos humanos sino con el alma de su naturaleza

Después de tantas invitaciones por fin Margie Milena aceptó el reto de asistir a la iglesia, que en esta ocasión celebró su reunión en el parque Simón Bolívar, allí esta jovencita comenzó a experimentar las realidades y el amor de Dios de manera sin igual.

Margie aceptó la invitación hecha por su papá y al llegar a la reunión, sintió muchas ganas de llorar, al comienzo trató de resistir lo que más pudo, pero la intensidad del toque de Dios en su vida la cautivó y luego no pudo detener sus lágrimas que iban cargadas de temores, soledad, timidez, entre otros. Para ella era contradictorio, pues lo que había criticado por años en otras personas, ahora lo estaba experimentando en su propia vida como una realidad.

Después de esa reunión, fue creciendo un anhelo por volver a sentir ese mismo toque de amor, por lo cual comenzó a asistir cada viernes y domingo a la iglesia.

Era extraño para ella, ver cómo Dios se le acercaba, ahora esa dulce presencia que le rodeaba comenzó a tocarla en su casa, en el Transmilenio y Margie pudo comprender que Él estaba más cerca que su propia respiración, que no tenía que hacer una serie de rituales para acercarse a un Dios que ella creía distante e inalcanzable y que ahora podía sentir que era real.

A partir de ahí comenzó a encontrarle sentido a la vida, todo cuanto le rodeaba, le llevaba inmediatamente a pensar en Dios, valoraba más su familia y aún en el silencio, cuando Dios callaba, le enseñó a vivir por fe.

Poco a poco fue descubriendo lo que había en su corazón, una vida solitaria, lejana a cualquier círculo social, timidez, que poco a poco fueron desapareciendo, para habitar bajo su sombra en este Avivamiento que se ha convertido en su casa.

“El saber que tienes por papá a Dios y que es todo poderoso que te acepta, aunque tengas muchos errores y no te echa fuera, transformó mi vida” agregó Milena.

Ahora, Margie agradece a Dios por esos familiares a quienes consideraba “loquitos” que la hayan invitado a la iglesia, porque, aunque ella les miraba con reserva, le dieron la mejor invitación a su papá y abuelos, quienes posteriormente le trajeron a ella.

Actualmente sirve en Avivakids, un ministerio del Centro Mundial de Avivamiento especializado en el pastoreo directo con los niños de la iglesia y le apasiona ver cómo la iglesia infantil es un refugio para ellos, donde adoran al Señor, Él les ministra, les enseña a través de obras de teatro y muchos son libres, porque Dios tiene planes de bendición en sus vidas.

Margie vive feliz bajo la sombra de un Dios grande que habita en este lugar, donde es protegida y pastoreada de manera muy especial.

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