/ Avivamiento

No se necesita saber leer ni escribir, solo corazones dispuestos a llevar un avivamiento

Los pastores Juan Chi Luisa y María Cuzco provenientes de la provincia de Cotopaxi, república del Ecuador son dos indígenas de la comunidad Quechua; ellos vinieron al avivamiento 8 años atrás, tomaron radicalmente las enseñanzas de nuestros pastores Ricardo y María Patricia Rodríguez y ahora tienen un avivamiento.

Mientras un grupo de siete personas se arrodillan afuera de la emisora de radio, en agradecimiento por llegar al Avivamiento, con denuedo y lágrimas en sus ojos, la pastora María le contó al equipo periodístico de Aviva 2, que cuando llegaron junto con su esposo en el 2007 a un congreso Mundial de Avivamiento, recibieron la unción y cuando regresaron a Ecuador, se fueron llenos de una pasión que acababa de gestarse en su interior puesta por el Espíritu Santo.

Esta pareja de indígenas comenzó a reunirse junto con su hijo y dos familiares más para ayunar y pronto el poder de Dios comenzó a manifestarse de manera desbordante con sanidades y liberación; el respaldo de Dios estaba allí, en medio de una pareja analfabeta, a los cuales no les importaba su condición, solo dejarse llevar por ese fuego que cada día comenzaba a crecer más y más, al igual que el volcán de Cotopaxi el más alto de su país que les vio nacer y crecer.

Así fue como comenzaron y hoy día se reúnen 700 personas en sus reuniones, las cuales tienen el sello del Espíritu, “Él se mueve como quiere, sana en el momento que lo considere, ya sea durante la adoración, la alabanza, ministración, aún en los momentos de quietud”, contó el pastor Chi Luisa.

Terminada la prédica oran por las prendas y las envían a los enfermos, los cuales casi todos en su totalidad reciben sanidad.

De esta manera han ido creciendo y no solo en número, sino en lo espiritual, pues ellos le dijeron a al Señor que los transformara y les hiciera vasos rendidos, así fue como comenzaron a aislarse en una montaña alta, sin importar la lluvia, la oscuridad de la noche, caminaban por sendas pedregosas, donde los obstáculos eran como nada, pero que para ellos valía la pena pagar el precio de encontrase con ese ser maravilloso que estaba trayendo, al igual que ese volcán de Catapaxi, una erupción de fuego en sus corazones, transformando vidas.

Pagar el precio valió la pena, ir a la una de la mañana a encontrarse con el Espíritu Santo les trajo vida, perdieron el temor a encontrase con fieras o toda clase de impedimentos que les pudiese detener, porque sabían que en la sangre de Jesús había poder, así lo dio a conocer el pastor ‘Juanito’ como le llaman sus ovejitas.

“Ahora me siento feliz de haber ido a la montaña, allí Él me formó un guerrero, me estaba enseñando, es bueno ser obediente” sostuvo el pastor Chiluisa.

Aman a los pastores Ricardo y María Patricia Rodríguez, quienes les enseñaron acerca de la humildad, eso marcó sus corazones, saben que el ministerio se está moviendo con un gran Avivamiento y todo es por causa de Él.

Actualmente ya están construyendo su templo de 15 mil metros de terreno, un coliseo con lo mejor, ubicado al pie del volcán Cotopaxi donde personas necesitadas llegan hasta el lugar, esperando recibir un fuego especial, no precisamente volcánico sino uno poderoso, proveniente de la presencia de Dios.

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