¡Prepárate porque tus lagares rebosarán de pan, vino y aceite”.

¡Grandes cosas vienen, sorprendentes cosas Dios ha preparado para cada uno de nosotros!

Hay un pasaje en el libro de Joel 2:19 que dice así: Responderá Jehová, y dirá a su pueblo: He aquí yo os envío pan, mosto y aceite, y seréis saciados de ellos; y nunca más os pondré en oprobio entre las naciones”.

Todo este nuevo y poderoso tiempo inicia con arrepentimiento, pues desde el verso 12 de este capítulo, es el llamado que Dios hace a su pueblo: ” Por eso pues, ahora, dice Jehová, convertíos a mí con todo vuestro corazón, con ayuno y lloro y lamento. Rasgad vuestro corazón, y no vuestros vestidos, y convertíos a Jehová vuestro Dios; porque misericordioso es y clemente, tardo para la ira y grande en misericordia, y que se duele del castigo” Joel 2:12-13.

Tal vez te estarás preguntando ¿qué significa ese vino nuevo que Dios nos está prometiendo? Para responder a esa pregunta tenemos que ir al libro de Números, donde narra aquella época en la que el Señor saca a su pueblo de la esclavitud y rompe las cadenas de alrededor de dos millones de personas. Posteriormente Dios lleva a su pueblo a las puertas de Canaán y les anuncia que ya es el tiempo de entrar a la tierra que Él les había prometido. En ese momento se escogen doce espías para traer reportes de una tierra que nunca habían visto. Días después dos de ellos trajeron un racimo de uvas gigante, es aquí cuando tenemos que entender qué representaban esas uvas; era el anuncio de un nuevo tiempo, de un vino nuevo, el fin de una temporada de esclavitud y el anuncio de las más grandes conquistas.

En el nuevo testamento también encontramos un pasaje sorprendente, cuando Jesús estaba en las bodas de Caná, el vino se terminó y María le dijo que hiciera algo. La orden del Señor fue llenar los cántaros con agua. Fue en ese momento que ocurrió un milagro y una señal, que los israelitas entendían, el agua se convirtió en vino y una vez más un nuevo tiempo estaba comenzando y la promesa se estaba haciendo una realidad.

“El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel; a proclamar el año de la buena voluntad de Jehová, y el día de venganza del Dios nuestro; a consolar a todos los enlutados” Isaías 61:1-3 

Si el vino que Dios le dio a Israel era un vino nuevo, el vino que les dio Jesús fue un mejor vino. Ese vino representa abundancia, por encima de cualquier pensamiento religioso debes saber que este vino representa abundancia. En Canaán representaba viñas, casas amuralladas, ciudades fortificadas llenas de todo bien. En Caná de Galilea representaba sobreabundancia, debes saber que en el milagro Jesús les dio 720 litros del mejor, alrededor de 1.000 botellas del mejor vino. Jesús no conoce la escasez, Él está acostumbrado a la abundancia, las calles del cielo son de oro, Él multiplica el pan y sobra para muchos. Así es el Señor, si quieres traerlo a nuestros días te asombrarás al saber que hoy el valor de una cantidad así del mejor vino es alrededor del medio millón de dólares.

¿Alguna vez has leído detenidamente lo que María profetizó por el Espíritu Santo cuando fue a visitar a Elisabet? En el evangelio de Lucas 1:53 dice:A los hambrientos colmó de bienes”. Esa palabra colmó también significa dar con sobreabundancia bienes, así que aunque María vio nacer a Jesús en un pesebre, estaba profetizando que Él colmaría de vienes a los hambrientos.

Pero esto no es todo, lo mejor es que hay un mejor vino, recuerdas el pasaje de Hechos 2 cuando el Espíritu Santo vino sobre la iglesia, la gente los oyó anunciando las maravillas de Dios en otras lenguas y pensaron que estaban ebrios. Esta era una señal de ese mejor vino que profetizó Joel:

“Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones. Y también sobre los siervos y sobre las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días”. Joel 2:28-29

Esto es lo que viene, seremos saciados del aceite del cielo, de la unción para grandes conquistas, todos seremos llenos de la palabra de Dios y el vino nuevo del gozo y la abundancia de Dios nos alcanzará.

Pero hay una clara advertencia, pues ese vino nuevo no puede ser echado en un odre viejo. El pueblo de Israel perdió ese vino por incredulidad y no entraron. De igual forma el pueblo de Nazaret rechazó a Jesús y el odre viejo de la incredulidad hizo que también lo perdieran.

Otro odre viejo es la tradición, el vino nuevo va a traer muchos cambios y debes estar dispuesto a dejar esas tradiciones que detienen ese vino. Muchas personas pueden dejar que la crítica o la murmuración entren al corazón, pero el vino nuevo es para aquellos que dejan de lado las tradiciones y siguen a Dios; porque grandes, sorprendentes y rebosantes bendiciones vienen para ti. Dios quiere saciarte de su pan, de su vino y de su aceite; solo tienes que creer y entrar en este nuevo tiempo.

Dios le dio a Israel un vino nuevo al entrar en la tierra prometida, en Galilea les dio un mejor vino, pero a nosotros nos está prometiendo que rebosaremos conocimiento de la palabra de Dios, que la unción del Espíritu Santo será derramada sobre tu vida para conquistar y vendrá gozo, regocijo y sanidad de tus heridas. ¡Prepárate porque tus lagares rebosarán de pan, vino y aceite”.

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