Una puerta en medio del callejón sin salida

En Avivamiento se contestan miles de llamadas diariamente; personas con diferentes necesidades, que se comunican para pedir oración en sus momentos de crisis.

Fue así como, un día recibimos una llamada de Raúl Patarroyo, quien solicitó oración; pues estaba detenido en la cárcel de Valledupar, condenado a 48 años de prisión.

Raúl, un hombre de 35 años, separado y padre de 4 hijos, tenía una meta en su vida. Su mayor sueño desde niño, infundido por su padre, fue hacer la carrera militar; algo que él admiraba.

En su edad adulta Raúl logró su objetivo ocupando el rango de sargento viceprimero del ejército Nacional de Colombia. En medio de su carrera no faltaron los tropiezos.

“En enero de 2011 yo ya tenía varios procesos de orden disciplinario y recibí una notificación para declarar en Valledupar el 28 de noviembre de ese mismo año, en esa audiencia se presentó un testigo falso, motivo por el cual fui llevado a prisión. Junto con mis otros compañeros, pusimos todas las instancias jurídicas posibles y todas las perdimos. Ya no había esperanza alguna, no tenía salida, mi futuro, carrera, mis hijos… Todo se veía oscuro” –dijo Raúl-

“En medio de esta situación, me dan la oportunidad de estudiar administración de empresas, lo cual me permitía tener acceso a internet para la elaboración de mis trabajos. Nunca olvidaré ese día en el que sentado frente al computador hice clic a lo que cambiaría mi vida para siempre. Me encontré con un video del pastor Ricardo Rodríguez, sentí como si Dios mismo me hablara, comencé a llorar, fue algo tan real, más real que los compañeros con los que compartía a diario. La predicación se llamaba “Dios abre camino donde no lo hay”.

“Solo Dios sabía que yo no tenía salida, ese día para mí fue transformador y todo comenzó a cambiar” – agregó Raúl-

De una manera inesperada su hogar se restauró, se sanaron las heridas y comenzó un nuevo camino, tomado de la mano de Dios

En el año 2013, salió la sentencia por 48 años de prisión, sin opción de apelación a esa decisión.

Adicional a esto, Raúl había sido diagnosticado con 4 hernias discales que le causaban mucho dolor. Pero para ese momento, él ya tenía una esperanza.

“Me aferré al Señor, llamé a la iglesia Avivamiento, pedí oración y esperé en Él” -sostuvo Raúl -. La palabra dada por el pastor Ricardo Rodríguez era: “Vengo con tres promesas para el Avivamiento, otra vez abriré camino en la soledad, él dará ríos y derramará de su Espíritu sobre tu generación, (basado en Isaías cap 43 vers 19).

Durante ese tiempo en Colombia, se comenzaron los acuerdos de paz, Dios cambió las normas a favor, usando este proceso para instaurar nuevas leyes que beneficiaron a Raúl, quien ya tenía una condena.

El Señor hace lo sobrenatural. Esta legislación, cobijó al resto de personas implicadas. Queremos resaltar que, por causa del justo, Dios bendice al impío y es así como el 30 de agosto de 2017, quedó en libertad y ya está haciendo los trámites para finiquitar todo proceso que le quitó su libertad.

“El viernes 15 de septiembre, tuve la bendición de estar por primera vez en el Centro Mundial de Avivamiento, fue una experiencia maravillosa y nuevamente sentí la gloria de Dios, pero en esta ocasión tocó mi cuerpo y todo dolor causado por las hernias discales, en un instante desapareció”.

“Hoy vuelvo a Duitama para reunirme nuevamente con mi familia, tengo un gran reto por delante y es compartirles a ellos de ese Cristo que un día me tocó y todo en mi vida cambió”.

“Una correccional no pudo cambiarme, pero Dios sí” – La impactante historia de Juan David en exclusiva para el Blog de Avivamiento

Juan David se había convertido en un delincuente a la edad de 13 años, y tuvo que padecer fuertes quebrantamientos antes de su encuentro con Jesús.

David fue un joven que creció solo, pues sus padres no tenían tiempo para él, lo cual le llevó a tocar fondo, pues sin darse cuenta se fue convirtiendo en expendedor de sustancias alucinógenas, las consumía y le gustaba el dinero fácil, por lo que comenzó a hurtar.

Parecía un día normal, y Juan David decidió salir a realizar una diligencia, maquinando que, de paso, aprovecharía para robar a alguien, así que vio una señora hablando por celular, y sin pensarlo se lanzó hacia ella, robándole el dispositivo. En ese instante comenzó a correr pero pronto un policía lo alcanzó y apuntándole con un arma, lo detuvo.

Al poco tiempo llegó la dueña del celular, quien en ese momento intentaba realizar la denuncia; minutos después llega su esposo. En este momento Juan David con lágrimas en sus ojos y voz entrecortada le pregunta al equipo periodístico de aviva2 “¿qué creen ustedes que hizo el esposo de esa señora a la que yo acababa de robar? ¿lanzarse y a darme golpes hasta el cansancio?”

Cuenta este joven que el sujeto le preguntó: “¿Te hace falta algo?” David le respondió que en verdad no; el hombre, sin titubear mirándole fijo le dijo: “¿por qué haces esto”? – enseguida respondió a su misma pregunta “esas son las amistades, ¿me prometes que si mi esposa no te denuncia tú vas a recibir a Cristo? Porque vas mal, y vas a terminar mal”. David, por su parte, se comprometió, aunque sus palabras en el momento no fueron sinceras, Dios sí las tomó en serio.

Y aunque en el momento estaba agradecido con Dios por haberle guardado, en su interior él no iba a cambiar, pensaba “me voy, salgo de este inconveniente, no me vuelven a ver y ya”; sin embargo, aclara que de Dios no se podía esconder, ni tampoco lo podía engañar.

La señora víctima del robo no lo denunció, pero fue enviado a la UPJ (Unidad Permanente de Justicia), institución que se ha convertido en una cárcel transitoria para jóvenes, allí recibió un fuerte trato y aquella misma noche lo colgaron desde las 10 y 30 p.m, hasta las 5 am, tiempo que Dios usó para doblegar su carácter, llevarle a un verdadero arrepentimiento y allí en medio de esta humillación, David le dijo a Dios: “Señor, estoy siendo malo y no quiero, así que ayúdame a ser útil a la sociedad”.

Al día siguiente, salió de ese lugar con la firme decisión de buscar un trabajo, y no tardó en conseguirlo, esta fue su primera victoria, pero sin embargo no podía dejar de fumar marihuana y un día cansado de luchar contra él mismo, se arrodilló en su cama y le dijo a Dios desde lo más profundo de su alma: “Si en verdad usted existe, manifiéstese a mi vida, porque se la quiero entregar, así que haga algo”, sostuvo. Ese día entendió que una correccional no lo pudo cambiar, pero sí el poder de Dios.

El miércoles llegó a trabajar y conoció a un señor llamado Fredy Garzón, a quien le abrió su corazón contándole su vida, fue entonces cuando Fredy mirándole fijo le dijo: “¿sabes qué? tú no estás aquí para trabajar, ni yo tampoco, porque mi verdadero trabajo es ganar almas para el Señor; en menos de 24 horas te voy a mostrar un Dios vivo que cambia y hace milagros”.

Estas palabras impactaron profundamente el corazón de David, quien inmediatamente comenzó a sentir la presencia de Dios, su cuerpo quedó inmóvil, era algo hermoso, sostuvo. El espíritu Santo lo comenzó a tocar y él no podía parar de llorar.

David cuenta que no conocía el Avivamiento y John Fredy le trajo, apenas entró en este lugar sintió que el Señor le puso su mano en el hombro y le dijo “Ya te tomé y no te voy a soltar”.

A partir de ahí se convirtió en un hombre radical que ama servirle en esta casa donde su presencia lo cubre todo.

Comenzó el Avivamiento en las cárceles de Colombia

El pasado martes 19 de mayo los Pastores Ricardo y Ma. Patricia Rodríguez, enviaron por primera vez su ministerio Avivamiento Misericordia a la cárcel La Picota, en la capital colombiana. Fue un tiempo maravilloso en el que cerca de 700 internos recibieron el amor y la poderosa Palabra de Dios.

La mañana fría y triste, rodeada de barrotes, rejas y una desesperanza desgarradora; fue transformada por la presencia de Dios llenando el patio uno de esta penitenciaria, que en la actualidad alberga en total más de 4.000 internos.

El equipo tuvo que pasar por varios filtros de seguridad y el sentimiento era unánime, podían entender esa Palabra: “Donde abunda la maldad, sobreabunda la gracia”. – Romanos 5:20

Un largo pasillo mostraba a lado y lado los patios abarrotados de presos, mucho ruido y miradas intimidantes. Mientras los servidores instalaron el equipo técnico, densas nubes aparecieron y la lluvia no se hizo esperar. En ese instante todos recordaron la promesa que Dios le dio a los Pastores Ricardo y Ma. Patricia:”No lleverá en sus convocatorias”.

Fue así que todos oraron reclamando esa promesa sobre el lugar y un minuto después, Dios abrió el cielo y se pudo ver el azul del firmamento y un sol radiante; los presos miraban el cielo completamente asombrados del poder de Dios.

A través de una obra de teatro y la predicación; los asistentes recibieron lo más importante; el mensaje de salvación, y muchos entregaron su vida al Señor. Con sus manos levantadas y sus ojos cerrados, algunos con lágrimas, le pedían al Señor que entrara en sus corazones y transformara sus vidas.

Al final de la jornada se repartieron centenares de regalos enviados por los pastores y el Avivamiento, que fueron recibidos con gratitud y alegría por todos estos hombres necesitados de una palabra de vida.

El Avivamiento en las cárceles de Colombia ya comenzó, y tú eres parte.

Revive esta maravillosa brigada aquí.