Parte de nuestro trabajo diario en la sociedad es actuar hacia otros como Dios quiere que lo hagamos. Es por eso, que hoy en Blog de Avivamiento, vamos a compartir 4 pasos que el apóstol Pablo anota de manera clara y específica, para que los sigamos.

1.       No difamar a nadie: El significado literal de la expresión griega es que no debemos “blasfemar” a nadie. Es una prohibición que por lo general asociamos a la forma que hablamos acerca de Dios. Los cristianos ni siquiera deben pensar en hablar mal de Él. Ciertamente no debemos, pero tampoco debemos hablar mal de otros

Con la lengua bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios... Hermanos míos, esto no debe ser así

Santiago 3:9,10

En un sentido estamos reprochando a Dios cuando maldecimos a los hombres, porque estamos tomando en una manera despectiva algo que Él ha creado.

2.       Ser amables: El mandamiento literal es realmente en forma negativa, el cristiano no debe ser “pendenciero”. En las cosas espirituales, los cristianos son ciertamente luchadores; debemos pelear la buena batalla de la fe.

Porque no tenemos lucha contra sangre y carne

Efesios 6:12

En el ambiente en que nos toca relacionarnos con otras personas, no debe ser para luchar con ellas o para perturbarlas en ninguna manera.

3.       Ser considerado: Este mandamiento significa ser dócil o amable. Describe la respuesta que debemos tomar cuando somos abordados por alguien que quiere causarnos problemas. En vez de oponernos a ellos y defendernos a nosotros mismos, debemos ser dóciles y devolver su odio con amabilidad.

No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal.”

Romanos 12:21

4.       Mostrar verdadera humildad: El punto de este mandamiento es que debemos mostrar “amable amigabilidad”, lo opuesto a la aspereza y al mal temperamento. Cuando tenemos una genuina humildad, estamos dispuestos a tener paciencia con los defectos de otros y podemos enfrentar el abuso sin venganza. La humildad nos previene de ser egoístas. Pero debe ser genuina para que pueda tener valor.

¿Tenemos verdadera humildad?  Lo podemos decir por la manera en que respondemos a las situaciones que la vida nos presenta. Pues en muchos momentos es más fácil para nosotros servir a Dios que servirnos unos a otros. Cualquiera de los discípulos habría estado contento de lavar los pies de Jesús. En realidad, todos ellos lo habrían estado. Fue cuando les pidió que se lavaran los pies unos a otros cuando el asunto se volvió difícil.

Como dijo un poeta: “¡Requiere más gracia que lengua, decir que podemos desempeñar bien un papel secundario!” y el Señor lo recalca una y otra vez con todos los hombres