Sería falso decir que la vida cristiana está llena de perfección y que no hay noches oscuras. Pero Dios promete una marea celestial para ti si le buscas de todo tu corazón.

¿Qué es una marea celestial?

La Biblia está llena de ejemplos sobre lo que es recibir una marea celestial. El pueblo de Israel experimentó una marea celestial cuando vio el mar Rojo abrirse, cuando sobrenaturalmente recibieron el maná del cielo, cuando brotó agua de la roca y cuando volaron a ellos muchas codornices para que no les faltara carne.

Abraham supo lo que era una marea del cielo cuando le nació un hijo en su vejez, pese a que era algo imposible. Cuando Jesús dejó el Espíritu Santo a sus discípulos, ellos y muchos creyentes conocieron la marea celestial cuando veían milagros, maravillas y miles convertidos al Evangelio. Y así sucesivamente podríamos hablar de todos los hombres y mujeres de Dios en la Biblia que experimentaron esta marea celestial.

Viene una marea celestial para ti

Hoy en día no es diferente para ti. Dios te promete una marea celestial sea cual sea la situación que estés viviendo. Si estás enfermo y ya el médico te dijo que no hay una cura, si estás endeudado y no ves una salida para pagar todo lo que debes. No importa tu problema, el Señor traerá una marea celestial.

Búscale con todo tu corazón y cree en sus promesas

No debes olvidar que, aunque el Señor tiene preparadas las más grandes bendiciones para ti, debes poner de tu parte. Dios pide de ti que le busques en el secreto, que leas y medites en su Palabra, que le creas cuando Él te promete algo. ¿Cómo podrías saber cuándo llega la marea celestial si no conoces al Señor? Debes tener una relación íntima con Él y amar su Palabra, en ella están todas sus promesas y lo que Él dice de ti. ¡Corre a su Presencia!

Recuerda esta promesa en Isaías 9:2,5: “El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz; los que moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeció sobre ellos. Multiplicaste la gente, y aumentaste la alegría. Se alegrarán delante de ti como se alegran en la siega, como se gozan cuando reparten despojos. Porque tú quebraste su pesado yugo, y la vara de su hombro, y el cetro de su opresor, como en el día de Madián. Porque todo calzado que lleva el guerrero en el tumulto de la batalla, y todo manto revolcado en sangre, serán quemados, pasto del fuego”.