Estamos rodeados de tantas personas, tenemos el amor y el cariño de los que amamos, confiamos en otros y establecemos lazos de amistad que nos hacen seres competentes y sociales en la vida, no obstante, hay que entender que en nuestro caminar con Dios seremos probados y que aunque venga la soledad, la desilusión o el dolor, dichas pruebas llegarán a ser el mayor privilegio.

Pablo tenía obreros fieles junto a él, pero había un ayudante en quien había aprendido a confiar sobre todos. Sin embargo, en la carta a Timoteo él habla de una ocasión cuando no hubo ayudantes humanos a quienes pudiera volverse: “ninguno estuvo a mi lado” (2 Tim 4: 6). La experiencia de Pablo no era única, y evidentemente estaba dentro del plan de Dios para su vida.

Job fue abandonado por todos, pero él tenía el favor de Dios. (Job 42:7-9).

Jesús, el más grande ejemplo, supo lo que era estar abandonado y solo (Juan 16:32). Esta clase de prueba es un gran desafío, pero también es un gran privilegio. Si Dios nos permite enfrentar una situación similar, es porque él muestra una gran señal de confianza en nosotros, porque Él no le confía a tantos, pruebas tan severas.

En tiempos así, aquí les traemos algunos principios:

Primero, manténgase libre de amargura: No hay que ceder a la tentación de guardar rencor contra otras personas por sus errores y llenarse de resentimiento y perder la paz. Pablo no niega que otros habían hecho algo mal. Lo que dice en el versículo de 2 Tim 4:16 es, “no les sea tomado en cuenta”, una amable declaración que hace eco de las palabras de Jesús en Lucas 23:34.

En el tiempo en el que somos abandonados, la mayor batalla no será con las circunstancias sino con uno mismo. Se requerirá valentía para luchar y mantener la fe, como también una actitud correcta.

El mayor antídoto a un espíritu resentido es un corazón que alabe, uno de los resultados de ser llenos con el Espíritu Santo (Efesios 5:18,19). Convierte en un verdadero adorador.

Segundo, confíe en Dios por el fruto: El resultado de la prueba de Pablo fue que hubo un incremento en el éxito del progreso del evangelio. Dice Pablo que durante el tiempo de prueba, el Señor le dio fuerzas de modo que a través de él “fuese cumplida la predicación, y que todos los gentiles oyesen”. Todas las tribulaciones no son sino preparaciones para el mayor servicio y utilidad; así que debemos confiar en que el Señor usará todas las tribulaciones para más grandes bendiciones.

Tercero, confíe en Dios para hacer lo imposible: Pablo dice que él fue “librado de la boca del león.” ¡No puede haber mayor liberación que ésa! Un hecho importante que recordar sobre las pruebas es que tienen tendencia a nublar nuestro pensamiento y separarnos de Dios. Nos hacen sentir que estamos completamente atrapados y encerrados sin medio de escape. Pablo se había sentido exactamente así en una ocasión particular en Asia (2 Corintios 1:8- 11). Pero descubrió que la experiencia tenía un propósito; era que él pudiera aprender a confiar más en Dios y menos en sí mismo.

Cuarto, crezca en su capacidad de enfrentar con confianza problemas futuros: En 2 Corintios 1:10, un versículo que se halla en el pasaje que mencionamos en el párrafo anterior, Pablo dice que Dios “nos libró, y nos libra, y en quien esperamos que aún nos librará, de tan gran muerte” Debemos aprender una lección de Pablo al permitir que cada liberación que experimentemos fortalezca nuestra fe para el futuro.

Es tiempo de aprender a sentarnos y pensar acerca de lo que él ha hecho por nosotros en pruebas anteriores. En medio de lo que estemos viviendo, con todo el corazón vamos a declarar el Éxodo y la liberación completa, pues nuestro es FIEL.