¿Alguna vez has sentido que la vida te lanzó un "viento huracanado" y de repente todo se puso oscuro? A veces las cosas parecen ir súper bien y, ¡pum!, llega un problema que te hace perder hasta la esperanza. La tormenta puede sacudirte, pero no puede detener el plan de Dios para tu vida.
Hay tres cosas para recordar cuando estés pasando por momentos difíciles:
1. Tu propósito es más grande que el problema
Pablo vivió una tormenta terrible en el mar, pero Dios le dio una palabra: "No temas". Aunque todo parecía perdido, él tenía un destino final claro. Lo mismo pasó con David; desde joven recibió la promesa de ser rey, pero antes tuvo que pasar por cuevas, desiertos y persecuciones. ¡La tormenta no cambió el llamado de Dios sobre ellos!
2. Dios tiene el control, incluso en el caos
Hace algunos años, cuando Dios nos llamó a iniciar en el ministerio, pasamos por situaciones donde parecía que todo se acababa. Veíamos tormentas por todas partes sacudiendo nuestras vidas, horribles persecuciones que no sabíamos cómo afrontar, pero Dios siempre abrió camino, y pudimos comprobar que realmente las tormentas no detienen los planes de Dios.
3. Sus pensamientos no son los nuestros
A veces no entendemos por qué pasamos por ciertas aflicciones, pero Isaías nos recuerda que los caminos de Dios son más altos que los nuestros. Si Él prometió algo, lo va a cumplir; Su palabra no vuelve vacía.
No te desesperes si hoy no entiendes lo que pasa. La tormenta es pasajera, pero el propósito de Dios es eterno. ¡Él te va a llevar a la otra orilla, a la victoria! ¡Mantén la fe firme!