Conferencia #5 Pastor Ricardo Rodríguez – El Río de Dios

Entre Génesis 2 y Apocalipsis 22 se habla de un río maravilloso que su corriente lo lleva donde hay riquezas, que brota a borbollones, que corre rápidamente que abre brecha, que es fructífero, un río de vida, un río resplandeciente, de sanidad, que al lado y lado está el árbol de la vida, y sus hojas son para sanidad de las naciones. Hay un río al comienzo de la Biblia y un río al final, pero hay un río que tiene que ser espiritual, porque el salmista dice: “Del río sus corrientes alegran la ciudad de Dios, el santuario de las moradas del Altísimo. Dios está en medio de ella” Salmo 46:4-5a. 

Estos son los ríos de la Biblia:

  • El Río del Edén
  • El Río de la Nueva Jerusalén
  • El Río que está en medio de la ciudad de Dios, que alegra la ciudad y Dios está en medio de ella.

Este Río da:

Salmo 65:9-13 / Ezequiel 47:7-12. 

  • Vida
  • Sanidad
  • Abundancia

No hay diferencia con relación a este río, no importa si estás lejos o cerca, para los hombres y las mujeres, para los ancianos y para los jóvenes, , para el esclavo y el libre, para todos es el río, para todos los que vienen a Jesús. En Jerusalén había un estanque y todos llevaban sus enfermos y de tiempo en tiempo un ángel venía y movía las aguas y el primero que entrara sería sano. Había una multitud de enfermos y un hombre llevaba 38 años esperando su sanidad y viene Jesús, sin meterlo en el estanque, le pone las manos y lo sana. Y en el siguiente regreso de Jesús a Jerusalén, se pone de pie en medio de la gente en la fiesta y dice: En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva” Juan 7:37-38.

Miles de enfermos en el estanque por un milagro, y había Uno que dice no soy un estanque, Yo les ofrezco un Río, acá no es el primero que venga, sino todo el que tenga sed que venga y beba. “Jesús quiere llevarnos a ese río”.

Esos ríos son: el Espíritu Santo.

 

“En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado” Juan 7:37-39.

Él puede cambiar tus aguas estancadas, las aguas más hediondas que haya en tu vida, en tu camino, en tu familia, en tu nación, Él puede dar vida.

 

¿Cómo te sumerges en ese Río?

  1. Agua a los tobillos: El profeta camina casi medio kilómetro con el agua a los tobillos, no es meter el pie y sacarlo, es caminar. El Espíritu Santo es el Río, caminas con Él, no un paso dos tres, 50 metros, sino caminando, caminando, caminando. Esto se llama “peripateo” caminar alrededor del Espíritu, andad en el Espíritu. No alrededor de la carne, de la lujuria, de las vanidades y de los placeres de la carne, del mundo y lo que ofrece. Sino que, si quieres ver todo el esplendor de la bendición de Dios, anda en el Espíritu.
  2. Agua en las rodillas: Se refiere a comunión con el Espíritu Santo, búsqueda de Dios, pero no un día, dos, una semana, un mes, sino todo el tiempo, 500 metros en el agua hasta las rodillas. Eso se llama en griego “coinonía” comunión, amistad, compañerismo con el Espíritu.
  3. Agua hasta los lomos: Los lomos en el hombre representa la fuerza, caminando con el agua a los lomos un paso, dos, tres, cuatro… hasta que aprende una lección. No es agua corriente, sino de agua de vida, el Espíritu santo, tocando nuestra fuerza, hasta que tú entiendas que no es con Ejército, ni con fuerza, sino con su Santo Espíritu.

Cuando quieres hacerlo, cuando haces tu mejor esfuerzo. No es en nuestra fuerza, ni en nuestra capacidad, pero eso lo aprendes caminando con el Espíritu en los lomos.

El Señor no va a llegar antes de que necesitemos, sino en el justo momento, eso se llama caminar con el Espíritu en los lomos, confianza en Él.

Es tiempo de sumergirnos en el Río, así que escoge, o sigues en el estanque esperando cuando se mueven las aguas por tu milagro, o te metes en el Río y cuando camines con el Espíritu, cuando tengas coinonía, confianza en el Espíritu, entonces, serás llevado por el Río de Dios y tendrás los 4 brazos: abundancia, borbollones de agua, caminos que se abren, fructificando en un Río rápido del Espíritu.

O sigues esperando que las aguas se muevan, o te metes en el Río.

Ese Río es el Espíritu Santo, Jesús nos prometió ese Río, Ezequiel lo vio.