Prisionero de una ilusión

En esta ocasión les hablaremos de prisiones del alma, condiciones en las que muchas veces nos encontramos, pero de las que Dios quiere sacarnos.

  • Incertidumbre: Cuando Israel después de poderosas señales que hizo Dios para sacarlos de Egipto, cruzando el mar rojo, por el desierto dándoles la ley en el monte Sinaí y trayéndolos a la puerta de la tierra prometida, pero cuando oyeron mencionar que había gigantes, dudaron y perdieron la fe, y ahora estaban en una condición del alma llamada Incertidumbre. Es un estado terrible del alma que hace que la nación no tenga la fe para entrar y conquistar, pero tampoco puede devolverse a Egipto, pues no van a ser bienvenidos. Por eso lloraron toda la noche.
  • Angustia: Recién Samuel unge como rey a Saúl, la mitad del pueblo estaba inseguro si era un buen rey o no, entonces los amonitas llegan a afligir a los de Jabes de Galaad y los rodean con sus ejércitos que eran más grandes, así que ellos salieron a pedir condiciones de paz, se iban a rendir. Pero la condición que le pidieron fue el ojo derecho de cada uno, así que el pueblo lloró amargamente, en angustia. Esta es una condición del alma deplorable, no deseada, tener angustia y no encontrar salida. Esas no son las prisiones que Dios quiere para ti.
  • Amargura: David y sus soldados estaban viviendo en Siclag una ciudad que le habían dado los filisteos, pero un día al regresar con sus soldados, encontraron la ciudad quemada, se habían llevado a sus esposas, sus hijos, su ganado y sus tesoros. Así que el pueblo lloró toda la noche, hasta que les faltaron las fuerzas y el pueblo estaba en amargura del alma. Esa es otra condición del alma: Amargura, cuando todo está perdido, no podían regresar al reino bajo el liderazgo de Saúl porque eran buscados a muerte, no podían hacer nada pues habitaban en medio de sus enemigos, no tenían a quien pedir ayuda. Quizá esa sea tu condición.
  • Desesperanza: En el reino del norte los Asirios sitiaron la ciudad de Samaria y cerraron toda las entradas de alimentos y agua y el pueblo perecía, pero dentro de la ciudad había un profeta de Dios, Eliseo. Él les había dado una palabra, pero llegaron a una condición en la que tenían que vender la cabeza de un asno, o vendían el estiércol de las palomas para comer, hasta el día en que dos mujeres decidieron comerse sus bebés. Y cuando el rey oyó eso, rasgó sus vestidos y dijo: Para qué voy a esperar más a Jehová, para qué más paciencia si ya no hay nada que hacer, no puedo esperar más en Dios. Y toda la nación en un minuto cayó en desesperanza.

Tal vez te sientas identificado con estas condiciones o estados del alma y no sabes qué hacer, no sabes que va a pasar, tienes temor y no sabes a dónde ir, ni cómo avanzar, perdiste la esperanza y te encuentras en angustia o amargura, pero debes saber que en esa condición no vas a ver la bendición. Es necesario que cambies la incertidumbre, la amargura, la angustia y la desesperanza por expectación, por una ilusión en Dios, entonces, Dios te promete darte el doble de la bendición.

Ahora te preguntarás en cada uno de los casos que acabamos de leer, ¿Qué pasó? Dios les dio una palabra.

A los de Jabes de Galaad que iban a perder su ojo y lloraron toda la noche, vino una promesa: 1 Samuel 11:9 “Mañana al calentar el sol, seréis librados”. Ahora cambiaron su estado de angustia por expectación, aunque no veían llegar a Saúl ni a su ejército, estaban a la expectativa porque sabían que algo iba a pasar. Todo lo que necesitamos es una palabra de Dios, pues cambiará nuestra condición.

Una palabra de Dios y se convirtieron en prisioneros de expectación, una sóla palabra y cambió su condición.

Veamos ahora lo que sucedió con los soldados de David que llegaron y encontraron a Siclag quemada y no tenían esperanza, el único que pudo levantarse del suelo después de llorar toda la noche fue David que pidió una palabra de Dios y el Señor le dijo: “1 Samuel 30:8 Síguelos, porque ciertamente los alcanzarás, y de cierto librarás a los cautivos”.

Al recibir esta palabra, este pueblo salió de su amargura y aflicción y se convirtieron en prisioneros de esperanza, tenían expectación y fueron y recuperaron lo que habían perdido, pero eso no fue todo, con este cambio de condición, encontraron un botín que se llamó el botín de David.

Así que para salir de tu condición, de la prisión en la que está tu alma, lo único que necesitas es una palabra.

Zacarías 9:12 ¡Presos, váyanse ahora a la tierra donde está la salvación, porque aún hay esperanza! Prometo ahora darles el doble de cosas buenas por cada dolor que sufrieron. (NBD)

Es un estado del alma, es un estado del espíritu, un estado de expectación que algo va a pasar, algo va a suceder. No sé cuál es tu pensamiento frente a la adversidad, si es derrota, pero como creyentes debemos cambiar la condición de derrota por expectación, porque a ellos Dios les va a devolver el doble por cada cosa mala.

Veamos para terminar el caso de Job, él no tenía una palabra y aunque era una llaga de la cabeza a los pies, era despreciado por sus amigos y su esposa, él decía: “Job 13:15a He aquí, aunque él me matare, en él esperaré” y al final recibió: “El doble”.

Sólo debes cambiar la condición del corazón, ya no más angustia, no más lágrimas, límpialas y sé un prisionero de expectación.

Lamentaciones 3:25-26 “Bueno es Jehová a los que en él esperan, al alma que le busca. Bueno es esperar en silencio la salvación de Jehová”.

Bueno es Jehová a los que se ligan a él, al alma que le busca, bueno es esperar Su salvación.

El que está afligido debería pedir una palabra, debería abrazar a Jesús y no soltarlo como Jacob, hasta que Dios te bendiga. Por eso dile con este coro al Señor: “Mi alma se aferra a Ti”.

(Revive lo mejor de esta predicación: https://youtu.be/7hQv1wsGzGE)

¡Prepárate porque tus lagares rebosarán de pan, vino y aceite”.

¡Grandes cosas vienen, sorprendentes cosas Dios ha preparado para cada uno de nosotros!

Hay un pasaje en el libro de Joel 2:19 que dice así: Responderá Jehová, y dirá a su pueblo: He aquí yo os envío pan, mosto y aceite, y seréis saciados de ellos; y nunca más os pondré en oprobio entre las naciones”.

Todo este nuevo y poderoso tiempo inicia con arrepentimiento, pues desde el verso 12 de este capítulo, es el llamado que Dios hace a su pueblo: ” Por eso pues, ahora, dice Jehová, convertíos a mí con todo vuestro corazón, con ayuno y lloro y lamento. Rasgad vuestro corazón, y no vuestros vestidos, y convertíos a Jehová vuestro Dios; porque misericordioso es y clemente, tardo para la ira y grande en misericordia, y que se duele del castigo” Joel 2:12-13.

Tal vez te estarás preguntando ¿qué significa ese vino nuevo que Dios nos está prometiendo? Para responder a esa pregunta tenemos que ir al libro de Números, donde narra aquella época en la que el Señor saca a su pueblo de la esclavitud y rompe las cadenas de alrededor de dos millones de personas. Posteriormente Dios lleva a su pueblo a las puertas de Canaán y les anuncia que ya es el tiempo de entrar a la tierra que Él les había prometido. En ese momento se escogen doce espías para traer reportes de una tierra que nunca habían visto. Días después dos de ellos trajeron un racimo de uvas gigante, es aquí cuando tenemos que entender qué representaban esas uvas; era el anuncio de un nuevo tiempo, de un vino nuevo, el fin de una temporada de esclavitud y el anuncio de las más grandes conquistas.

En el nuevo testamento también encontramos un pasaje sorprendente, cuando Jesús estaba en las bodas de Caná, el vino se terminó y María le dijo que hiciera algo. La orden del Señor fue llenar los cántaros con agua. Fue en ese momento que ocurrió un milagro y una señal, que los israelitas entendían, el agua se convirtió en vino y una vez más un nuevo tiempo estaba comenzando y la promesa se estaba haciendo una realidad.

“El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel; a proclamar el año de la buena voluntad de Jehová, y el día de venganza del Dios nuestro; a consolar a todos los enlutados” Isaías 61:1-3 

Si el vino que Dios le dio a Israel era un vino nuevo, el vino que les dio Jesús fue un mejor vino. Ese vino representa abundancia, por encima de cualquier pensamiento religioso debes saber que este vino representa abundancia. En Canaán representaba viñas, casas amuralladas, ciudades fortificadas llenas de todo bien. En Caná de Galilea representaba sobreabundancia, debes saber que en el milagro Jesús les dio 720 litros del mejor, alrededor de 1.000 botellas del mejor vino. Jesús no conoce la escasez, Él está acostumbrado a la abundancia, las calles del cielo son de oro, Él multiplica el pan y sobra para muchos. Así es el Señor, si quieres traerlo a nuestros días te asombrarás al saber que hoy el valor de una cantidad así del mejor vino es alrededor del medio millón de dólares.

¿Alguna vez has leído detenidamente lo que María profetizó por el Espíritu Santo cuando fue a visitar a Elisabet? En el evangelio de Lucas 1:53 dice:A los hambrientos colmó de bienes”. Esa palabra colmó también significa dar con sobreabundancia bienes, así que aunque María vio nacer a Jesús en un pesebre, estaba profetizando que Él colmaría de vienes a los hambrientos.

Pero esto no es todo, lo mejor es que hay un mejor vino, recuerdas el pasaje de Hechos 2 cuando el Espíritu Santo vino sobre la iglesia, la gente los oyó anunciando las maravillas de Dios en otras lenguas y pensaron que estaban ebrios. Esta era una señal de ese mejor vino que profetizó Joel:

“Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones. Y también sobre los siervos y sobre las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días”. Joel 2:28-29

Esto es lo que viene, seremos saciados del aceite del cielo, de la unción para grandes conquistas, todos seremos llenos de la palabra de Dios y el vino nuevo del gozo y la abundancia de Dios nos alcanzará.

Pero hay una clara advertencia, pues ese vino nuevo no puede ser echado en un odre viejo. El pueblo de Israel perdió ese vino por incredulidad y no entraron. De igual forma el pueblo de Nazaret rechazó a Jesús y el odre viejo de la incredulidad hizo que también lo perdieran.

Otro odre viejo es la tradición, el vino nuevo va a traer muchos cambios y debes estar dispuesto a dejar esas tradiciones que detienen ese vino. Muchas personas pueden dejar que la crítica o la murmuración entren al corazón, pero el vino nuevo es para aquellos que dejan de lado las tradiciones y siguen a Dios; porque grandes, sorprendentes y rebosantes bendiciones vienen para ti. Dios quiere saciarte de su pan, de su vino y de su aceite; solo tienes que creer y entrar en este nuevo tiempo.

Dios le dio a Israel un vino nuevo al entrar en la tierra prometida, en Galilea les dio un mejor vino, pero a nosotros nos está prometiendo que rebosaremos conocimiento de la palabra de Dios, que la unción del Espíritu Santo será derramada sobre tu vida para conquistar y vendrá gozo, regocijo y sanidad de tus heridas. ¡Prepárate porque tus lagares rebosarán de pan, vino y aceite”.