Si miras a tu alrededor, es evidente que la humanidad está entrando en tiempos caracterizados por mucha agitación, inestabilidad, conflictos, crisis o cambios profundos e inesperados. Vemos una atmósfera de guerra en el mundo, conflictos en Oriente Medio, tensión en las naciones, escasez y momentos difíciles. Vivimos, literalmente, en tiempos apocalípticos.
Sin embargo, en medio de los juicios, de las pruebas y de las dificultades que describe el libro de Apocalipsis, hay una promesa gloriosa que el Señor ha grabado en mi corazón para ti: «El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo.» Apocalipsis 21:7
Mi sueño más grande y mi constante oración es que tú y tu familia sean parte de aquellos que vencen y heredan todas las cosas. Pero, ¿quiénes son realmente los que vencen en medio de la adversidad?
A través del mensaje a las siete iglesias en Apocalipsis, el Señor nos deja una radiografía espiritual clara de lo que se necesita para prevalecer:
1. Los que aman a Cristo más que a su obra
A la iglesia de Éfeso se le reconoció su arduo trabajo, su paciencia y su servicio. En el Avivamiento trabajamos fuerte por el Señor en la televisión, en las escuelas, en la consejería, en la música y en cada ministerio. Pero Éfeso cometió un error peligroso: «Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor» (Apocalipsis 2:4, RVR1960).
Nunca ames más la obra del Señor que al Señor de la obra. Los vencedores son aquellos que mantienen vivo ese amor apasionado por Jesús que los cautivó al principio.
2. Los que son fieles hasta la muerte
A la iglesia de Esmirna el Señor le advirtió sobre la persecución, las burlas y la tribulación. Todo avivamiento y toda obra de Dios nace rodeada de oposición y de ataques del enemigo que busca aplastar lo que Dios está levantando.
Pero la orden de Jesús es contundente: «No temas en nada lo que vas a padecer... Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida» (Apocalipsis 2:10). Un vencedor no se echa para atrás por el rechazo o las críticas; permanece firme porque sabe quién lo llamó.
3. Los que cuidan la sana doctrina
Cuidémonos de las doctrinas livianas o de la "gracia excesiva" que le hace creer a la gente que puede vivir en pecado sin consecuencias. Apocalipsis nos enseña que la vida espiritual requiere fidelidad, pues a la iglesia de Sardis el Señor le advierte: «El que venciere será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida» (Apocalipsis 3:5).
No caigas en la «comezón de oír» novedades o fábulas como advertía Pablo: «Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias» (2 Timoteo 4:3). Mantente estudiando las Escrituras, integrado en las escuelas de formación y cimentado en la Palabra.
4. Los que guardan la Palabra y no niegan Su nombre
A la iglesia de Filadelfia el Señor le prometió una puerta abierta que nadie puede cerrar, porque aun teniendo pocas fuerzas, guardó Su palabra y no negó Su nombre (Apocalipsis 3:8).
Él te dice hoy: «He aquí, yo vengo pronto; retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona» (Apocalipsis 3:11). No te enfríes ni abandones lo que Dios te ha entregado, porque si te descuidas, alguien más tomará la bendición que estaba destinada para ti.
5. Los que arden en fuego y huyen de la tibieza
A la iglesia de Laodicea el Señor la reprendió severamente por ser tibia: «Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca» (Apocalipsis 3:16). Un cristianismo a medias no agrada a Dios. El vencedor no es frío ni tibio; está ardiendo en fuego, con aceite fresco en su lámpara.
¿Cómo se mantiene ardiendo ese fuego? A través de la comunión intencional con Jesucristo. En esa misma carta Él nos da la clave: «He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo» (Apocalipsis 3:20). Cuando buscas al Señor en la intimidad, tu corazón arde como la zarza y no se apaga.
Aunque haya aflicción, ¡somos más que vencedores!
Una decisión para hoy: Si quieres heredar todas las cosas, no te quedes de brazos cruzados. Sal de la tibieza, comparte de Cristo a aquellos que cruzan por tu camino, sé un testigo fiel y dile al Señor con todo tu corazón: «Señor, no me dejes ser tibio. Haz arder la zarza en mi corazón una vez más. Yo tomo la decisión de ser de los que vencen, guardar tu Palabra, amar tu Nombre y vivir para ti hasta el último día de mi vida.»