¿Qué clase de cristianismo quieres vivir? ¿Quieres un cristianismo de papel, de gelatina, que ante cualquier vientecito o inconveniente se derrumba, o anhelas un cristianismo resiliente, fuerte y lleno del poder del Espíritu Santo?


En la primera carta del apóstol Pedro, capítulo 5, versículos 8 al 11, la Palabra nos advierte: "Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; al cual resistid firmes en la fe...". Pero luego nos da una promesa gloriosa: "Mas el Dios de toda gracia... después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca".


La palabra que mejor describe cómo debe ser un creyente en estos tiempos es resiliencia. La resiliencia no es otra cosa que la capacidad de resistir, de adaptarse a cambios repentinos y de recuperarse rápidamente ante situaciones adversas, manteniendo la fe a pesar de las circunstancias.


Dios no nos llamó a detenernos


Cuando yo miro atrás y recuerdo los inicios de esta congregación, me doy cuenta de que el ministerio es una batalla constante. Recuerdo cuando Dios nos llamó a Patty y a mí. Dos pastores amigos empezaron al mismo tiempo; uno tenía un salón rentado para 200 personas, sillas, batería, orquesta completa... y nosotros solo teníamos una pandereta y ninguna silla. Arrodillado en la sala de mi apartamento le dije: "Señor, ¿dónde voy a comenzar?", y Él me dijo: "Comienza con lo que tienes a la mano". Y ahí empezamos.


A los tres meses nos sacaron del primer local por el ruido; luego en otro local, el dueño quiso imponerse y tuvimos que salir de madrugada. Necesitábamos 180.000 pesos para arrendar una casa y no teníamos un solo centavo. Pero mientras me arrodillaba a clamar, una hermana de la iglesia llegó con un cheque exactamente por esa suma. Y a las 6:00 a.m. estábamos trasteando las cosas en el techo de un bus hacia el nuevo lugar que Dios nos tenía preparado.


Hemos atravesado inundaciones en la sede de la Calle 55, amenazas, demandas, envidias... ¡Tantas cosas! En plena pandemia, cuando nos cerraron los templos, nos adaptamos. Cuando nos dio Covid, nos tocó armar croma verde en el comedor de mi casa para predicarles a las cámaras y llevar la palabra. ¡No nos varamos!


Porque el cristianismo no es para cobardes ni para los que se detienen ante el primer obstáculo. ¡La Iglesia del Señor no se detiene!


Hombres y mujeres que no se rindieron


Cuando miras las Escrituras, descubres que los grandes hombres de Dios fueron hombres resilientes:


José: Vendido como esclavo por sus propios hermanos, difamado y encarcelado injustamente. Pero no se quedó llorando en un rincón ni deprimido; sirvió donde estuvo con excelencia hasta que Dios lo levantó como el segundo al mando en Egipto.


David: Ungido como rey pero perseguido como fugitivo, viviendo en cuevas y desiertos. Aun cuando sus propios hombres quisieron apedrearlo en Siclag, David se fortaleció en Dios y recuperó todo lo que le habían robado.


Daniel: Llevado cautivo a Babilonia, enfrentó amenazas de muerte y el foso de los leones, pero se mantuvo firme sin contaminarse con la mesa del rey. ¡Pasó por cinco reinados siendo el mismo siervo fiel!


La Iglesia Primitiva: Fueron perseguidos y esparcidos, pero a donde quiera que iban, iban anunciando el evangelio. ¡Nada detuvo la misión!


¿Cómo ser un cristiano resiliente?


Si hoy quieres mantenerte en pie cuando venga la tormenta, graba esto en tu corazón:

  1. Guarda la Palabra de Dios: Jesús dijo que el que oye Sus palabras y las hace, es como el hombre prudente que edificó su casa sobre la roca. Vendrán ríos y soplarán vientos, pero tu casa no caerá si estás cimentado en la Palabra.
  2. Persevera en la oración: La iglesia primitiva oraba sin cesar. La oración constante es tu escudo y el secreto de la victoria.
  3. Cuida y compromete a tu familia: Llévalos a la casa del Señor. No es opcional; exponlos a la presencia de Dios para que Él transforme sus corazones desde niños.
  4. Sé un apasionado por la misión: Comprométete con la obra de Dios. La promesa de que "Mi Dios suplirá todo lo que os falte" es para una Iglesia sembradora y comprometida.
  5. Pon tus ojos en Jesús: Él es el autor y consumador de nuestra fe. Cuenta la historia que al apóstol Pedro le tocó ver la crucifixión de su esposa antes de la suya, y lo único que le dijo fue: "Mujer, acuérdate del Señor". Poner los ojos en Jesús es la única forma de resistir cualquier adversidad.
    ¡Algo va a hacer el Señor!


No importa cuál sea la prueba que estés enfrentando hoy. Graba estas palabras en tu mente y en tu corazón: Algo va a hacer el Señor.


Jesús lo dijo claramente: "En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo" Juan 16:33. Levantémonos hoy, rindámonos como vasijas en las manos del Alfarero y pidámosle al Espíritu Santo que nos llene con Su fuego y fortaleza. ¡Avancemos con firmeza, porque los que están con Jesús jamás serán derrotados!