Hay una palabra que ha estado muy fuerte en mi espíritu: Dios quiere cambiar nuestro lloro en gozo.
El profeta Jeremías nos entrega una promesa preciosa de parte del Señor: “Cambiaré su lloro en gozo, y los consolaré, y los alegraré de su dolor.” Jeremías 31:13
No importa cuánto tiempo hayas llorado, cuánto dolor hayas llevado en silencio o cuántas situaciones te hayan hecho sentir que no hay salida. Tus lágrimas no serán para siempre. La noche puede traer llanto, pero la mañana traerá alegría.
Jesús vino precisamente para eso. Cuando comenzó su ministerio, abrió el rollo del profeta Isaías y declaró que el Espíritu del Señor estaba sobre Él para anunciar buenas nuevas, sanar a los quebrantados de corazón, proclamar libertad a los cautivos y poner en libertad a los oprimidos.
En otras palabras: Jesús vino a terminar con el lloro.
Lo vemos a lo largo de su ministerio. Donde llegaba Jesús, las cadenas comenzaban a romperse. El hombre que estaba oprimido quedó libre. La suegra de Pedro fue sanada. Los enfermos comenzaron a recuperar la salud y los cautivos encontraron libertad.
Jesús sigue siendo el mismo.
Por eso creo que estamos entrando en un tiempo en el que muchos podrán decir: “Grandes cosas ha hecho Jehová con nosotros”.
Jeremías dice que el pueblo de Dios correrá al bien de Jehová, al pan, al vino y al aceite. Para mí, estos tres elementos contienen un mensaje espiritual poderoso.
El pan representa la Palabra de Dios.
Estamos viviendo tiempos en los que abundan las frases bonitas, los mensajes motivacionales y todo tipo de contenido que podemos encontrar en las redes sociales. Pero muchas veces, después de consumir todo eso, el alma continúa vacía.
Necesitamos volver a la Palabra.
Jesús dijo que el hombre no viviría solamente de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Por eso, mi llamado es sencillo: corre al pan.
Busca diariamente la Palabra. Lee la Biblia. Medita en ella. Guarda sus promesas en tu corazón. Cuando encuentras una palabra de Dios para tu vida, encuentras dirección, esperanza y fortaleza.
La oración también es indispensable. En la Palabra Dios nos habla y en la oración nosotros hablamos con Dios. No podemos vivir sin ninguna de las dos.
El vino nuevo representa un nuevo tiempo
La abundancia y el cumplimiento de las promesas de Dios. Cuando Jesús convirtió el agua en vino en Caná, no fue simplemente un milagro para resolver una situación en una celebración. Había allí una señal: Jesús había venido a traer algo nuevo.
Hay temporadas que terminan y otras que comienzan.
Tal vez has vivido años de dolor, escasez, frustración o tristeza, pero Dios puede introducirte en un nuevo tiempo. Él puede hacer nuevas todas las cosas y puede cambiar aquello que parecía destinado a permanecer igual. ¡Tu historia no termina en el lloro!
El aceite representa la unción y la obra del Espíritu Santo.
Cuando Samuel derramó aceite sobre David, el Espíritu de Dios vino sobre él. El aceite era una señal de esa presencia y de esa unción.
Hoy no estamos hablando simplemente de un símbolo externo. Estamos hablando del Espíritu Santo, quien es Dios, quien nos enseña, nos guía, nos habla y manifiesta su poder en nosotros.
Joel anunció: “Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne” Joel 2:28.
Necesitamos nuevamente esa pasión por el Espíritu Santo. Necesitamos ser llenos de Él, caminar con Él y aprender a escuchar su voz.
Corre al Espíritu de Dios… Él puede cambiar tu historia
Si hoy estás atravesando dolor, si estás llorando por una situación que nadie conoce, quiero decirte algo: no será para siempre. Dios conoce tus lágrimas. Él conoce tu historia, conoce tus luchas y conoce aquello que has llevado en silencio. Su promesa sigue vigente: “Cambiaré su lloro en gozo.”
El Salmo 126 dice que cuando Dios haga volver nuestra cautividad, seremos como los que sueñan; nuestra boca se llenará de risa y nuestra lengua de alabanza.
Llegará el día en que mirarás hacia atrás y podrás decir: “Grandes cosas ha hecho Jehová con nosotros.”
Por eso, si estás en medio del dolor, no corras hacia cualquier lugar buscando respuestas. ¡Corre a Dios!
Corre al pan: su Palabra.
Corre al vino: el nuevo tiempo y las promesas de Dios.
Corre al aceite: la presencia y la unción del Espíritu Santo.
Y si necesitas refugio, corre a sus brazos.
Porque cuando hacemos de Dios nuestro refugio, descubrimos que Él nunca nos abandona.
Hoy quiero animarte a apropiarte de esta promesa: Dios va a cambiar tu lloro en gozo. Tus lágrimas no serán para siempre.
Jesús vino a sanar al quebrantado, a liberar al cautivo y a cambiar el luto por alegría.
Así que levanta tus ojos, busca al Señor y dile: “Señor, cambia mi lloro en gozo. Cambia mi dolor en alabanza. Lléname de tu Espíritu y despierta en mí nuevamente el hambre por tu Palabra.”
Y prepárate para ver grandes cosas. Porque Dios todavía cambia el lloro en gozo.