Así es entregarle tu vida a Dios después de haber robado – Una segunda oportunidad de vida

A los trece años Juan David dejó de estudiar por voluntad propia, se perdió en el mundo, y las drogas destruyeron su vida profundamente. Lo que no sabía era que Dios tenía un plan único para él.

A la mitad de su juventud fue internado en una correccional de menores, a los 17 años. Sus padres no estuvieron presentes con él y de allí el fruto de diferentes vacíos emocionales y personales que no lograba llenar con nada. Sin una esperanza fija para su vida, no le quedaba más que resignarse a seguir el camino que le tocaba, pero Dios empezó a obrar en su corazón de una manera inesperada.

En aquel internado habían personas que le compartieron del Señor, cada noche, antes de acostarse, los hacían orar, y de esta manera se fue creando un hábito que iba grabándose en su interior, pero al terminar el plazo de estar en ese lugar, cayó nuevamente; se sumergió más en el mundo de las drogas y empezó a robar. Una de esas veces, en las que estaba robando, casi le disparan, un amigo suyo vio como la bala le pasó por un lado, pero eso no lo detenía para seguir en esos pasos.

En uno de esos robos lo atraparon y pensó que lo iban a meter a la cárcel porque le había robado a una señora en la calle. Después de haber hecho el respectivo proceso con la policía llegó el esposo de la víctima, y cuando iban a legalizar la denuncia este hombre paró todo y le empezó a preguntar cosas a Juan David, dentro de ellas, le hizo una propuesta:

“Si no te denunciamos, prométeme que le vas a entregar tu vida al Señor, no queremos que te vaya mal en la vida”.

En el peor momento de la vida de Juan David, Dios llegó manifestando su amor y su misericordia; levantó su mirada al cielo y solo pudo darle gracias y decirle: Gracias Dios porque te acordaste de mí. Él no entendía nada, pero sabía que el plan del Señor se estaba haciendo realidad en su vida. Desde ese momento empezó una restauración con el Señor, y el hecho de entregarle su vida, lo transformó por completo; su manera de pensar, de vivir, de actuar, ahora es diferente y sabe que hoy se encuentra viviendo, literalmente, en la misericordia de Dios.

Actualmente Juan David se congrega en el Centro Mundial de Avivamiento y su vida es resplandeciente, sus padres ahora lo apoyan en todo lo que emprende y sabe que este testimonio de salvación puede contarlo con orgullo, sabiendo que Dios le ha dado una segunda oportunidad y no la va a desaprovechar. Ciertamente las drogas no pudieron con él y si hay alguien con una lucha o problema similar que esté leyendo este testimonio, recuerde que Dios puede darle una segunda oportunidad.

Dios es experto en convertir el caos en una bendición inesperada

Diana, una mujer cabeza de familia, con 3 hijos y proveniente del Urabá Antioqueño, llegó a la ciudad capital en el 2010 y lo inesperado llega con el extravío de su hija mayor de 12 años, quien padecía de discapacidad cognitiva, situación que Dios usó para cambiar su vida.

Procedente del Urabá Antioqueño, una región ubicada sobre el mar Caribe y con diversidad cultural, llegó Diana a la ciudad de Bogotá, interior del país, a trabajar arduamente para sacar sus tres hijos adelante. Debía laborar jornadas de hasta 12 horas y todo valía la pena por ellos, hasta que un día se fue a comprar unas cobijas para su estadía en la ciudad capital y fue ahí donde una pareja de esposos le invitó a la iglesia.

Por ese tiempo conoció a Fernando con quien entabló una relación de compromiso, en él encontró un apoyo. A los pocos días Diana vino a la iglesia se sentó en la tercera fila delantera del auditorio y le gustó muchísimo, pero terminada la reunión se fue y no quiso volver, pues en el momento no era su prioridad.

en el 2010 ya convivía con Fernando y el día oscuro llegó a su vida, pues recibió noticias por parte de la monitora de su hija de 12 años, diciéndole que la niña se había extraviado, fue ahí donde ni la policía de infancia y adolescencia con sus influencias, ni ninguna otra persona podía ayudarla en una ciudad de 7 millones de habitantes donde no conocía a nadie.

Pasaban las horas y no había noticias de la niña, las autoridades le dijeron que tenían que resolver otros casos y que si sabían algo de su hija le avisarían; fue ahí donde vino el punto de quebrantamiento para Diana, quien sentía que el mundo se le venía encima, no sabía si ir a la derecha o a la izquierda, pensamientos minaban su mente, una niña de 12 años con discapacidad cognitiva, con una mente de una pequeña de cinco años, deambulando de un lado para otro sin saber a dónde ir.

El tiempo se hacía cada vez más largo, eran las nueve de la noche y Diana decidió ir donde aquellos esposos cristianos que un día le había invitado a Avivamiento, se sentó en una silla y le dijo a Dios:

“Señor devuélveme mi hija, yo te prometo que te voy a entregar mi vida, haré lo que tú quieras, como quieras y donde quieras, pero devuélvemela” sostuvo Diana.

A los cinco minutos la llamaron contándole que un taxista había llevado a la niña a su casa; al instante Diana supo que Dios le había respondido y supo en su corazón cuán real era Dios.

El taxista cuenta que encontró la niña debajo de un puente, la recogió y la pequeña le dio instrucciones precisas para que la llevara de vuelta a casa; a lo que Diana atribuye un milagro, pues ni ella conocía bien Bogotá, mucho menos una menor con discapacidad cognitiva.

A partir de ahí empezaron a venir a la iglesia, el Señor les ministraba durante cada reunión de manera muy especial y ahora ellos valoraban la omnipresencia y poder de Dios; pues Él comenzó a bendecirles liberando a Fernando del cigarrillo, alcohol y drogas; Diana, por su parte, echó raíces y eso les dio un crecimiento espiritual más rápido.

Actualmente ya están casados por la iglesia, el verdadero amor llegó a su hogar, el Señor les regaló un bebé como sello de su unión y su familia está agradecida, pues la niña con discapacidad, actualmente tiene 18 años, sirve en Army y ha mejorado notablemente.

Una familia fiel y apasionada por Dios que está dando fruto en el Avivamiento.

No se necesita saber leer ni escribir, solo corazones dispuestos a llevar un avivamiento

Los pastores Juan Chi Luisa y María Cuzco provenientes de la provincia de Cotopaxi, república del Ecuador son dos indígenas de la comunidad Quechua; ellos vinieron al avivamiento 8 años atrás, tomaron radicalmente las enseñanzas de nuestros pastores Ricardo y María Patricia Rodríguez y ahora tienen un avivamiento.

Mientras un grupo de siete personas se arrodillan afuera de la emisora de radio, en agradecimiento por llegar al Avivamiento, con denuedo y lágrimas en sus ojos, la pastora María le contó al equipo periodístico de Aviva 2, que cuando llegaron junto con su esposo en el 2007 a un congreso Mundial de Avivamiento, recibieron la unción y cuando regresaron a Ecuador, se fueron llenos de una pasión que acababa de gestarse en su interior puesta por el Espíritu Santo.

Esta pareja de indígenas comenzó a reunirse junto con su hijo y dos familiares más para ayunar y pronto el poder de Dios comenzó a manifestarse de manera desbordante con sanidades y liberación; el respaldo de Dios estaba allí, en medio de una pareja analfabeta, a los cuales no les importaba su condición, solo dejarse llevar por ese fuego que cada día comenzaba a crecer más y más, al igual que el volcán de Cotopaxi el más alto de su país que les vio nacer y crecer.

Así fue como comenzaron y hoy día se reúnen 700 personas en sus reuniones, las cuales tienen el sello del Espíritu, “Él se mueve como quiere, sana en el momento que lo considere, ya sea durante la adoración, la alabanza, ministración, aún en los momentos de quietud”, contó el pastor Chi Luisa.

Terminada la prédica oran por las prendas y las envían a los enfermos, los cuales casi todos en su totalidad reciben sanidad.

De esta manera han ido creciendo y no solo en número, sino en lo espiritual, pues ellos le dijeron a al Señor que los transformara y les hiciera vasos rendidos, así fue como comenzaron a aislarse en una montaña alta, sin importar la lluvia, la oscuridad de la noche, caminaban por sendas pedregosas, donde los obstáculos eran como nada, pero que para ellos valía la pena pagar el precio de encontrase con ese ser maravilloso que estaba trayendo, al igual que ese volcán de Catapaxi, una erupción de fuego en sus corazones, transformando vidas.

Pagar el precio valió la pena, ir a la una de la mañana a encontrarse con el Espíritu Santo les trajo vida, perdieron el temor a encontrase con fieras o toda clase de impedimentos que les pudiese detener, porque sabían que en la sangre de Jesús había poder, así lo dio a conocer el pastor ‘Juanito’ como le llaman sus ovejitas.

“Ahora me siento feliz de haber ido a la montaña, allí Él me formó un guerrero, me estaba enseñando, es bueno ser obediente” sostuvo el pastor Chiluisa.

Aman a los pastores Ricardo y María Patricia Rodríguez, quienes les enseñaron acerca de la humildad, eso marcó sus corazones, saben que el ministerio se está moviendo con un gran Avivamiento y todo es por causa de Él.

Actualmente ya están construyendo su templo de 15 mil metros de terreno, un coliseo con lo mejor, ubicado al pie del volcán Cotopaxi donde personas necesitadas llegan hasta el lugar, esperando recibir un fuego especial, no precisamente volcánico sino uno poderoso, proveniente de la presencia de Dios.

En busca de la unción encontraron salvación

Una de las enseñanzas que siempre hemos recibido de los pastores Ricardo y María Patricia Rodríguez está enfocada a entender que Dios no tiene nietos, es necesario que cada persona de manera individual acepte a Jesús como su único salvador, no basta con nacer en cuna cristiana, no basta con que los padres sean pastores, pues el único que puede dar un nuevo corazón es el Espíritu Santo, es ese toque divino el que lo transforma todo.

Esta es la historia de los pastores Carlos y Rosalía de Argentina, quienes por 7 años vivieron en carne propia una dura batalla que muchos creyentes y pastores han vivido al ver a sus hijos apartados del camino por el que quizá fueron instruidos toda la vida.

Fueron 7 años en los que lloraron, clamaron e intercedieron sin cesar, pues Diego, su hijo, quien estaba sumergido en el mundo, en las drogas, el alcohol y unido con malas amistades, era una prueba casi segura de alguien que no recibiría la salvación.

Los pastores Carlos y Rosalía no tenían otro sueño que ver a su joven hijo en el redil, involucrado en el ministerio, pero sobre todo con la certeza de salvación y de un nuevo nacimiento genuino. Aferrados a miles de promesas que Dios había enviado sobre ellos, siguieron peleando la batalla por su hijo y de igual manera asistiendo fielmente a cada Congreso Mundial de Avivamiento durante 5 años, ellos simplemente sabían que la unción que fluye en Bogotá, tarde o temprano quebrantaría el yugo que había en Diego.

En el congreso del año anterior, Fuego en mis Huesos, vinieron expectantes y llenos de pasión por la unción. En medio de su clamor y de una reunión reciben una palabra que dieron los Pastores Ricardo y María Patricia Rodríguez, en la que el Señor les entrega la promesa que para el próximo congreso estarían de vuelta en Colombia, pero con su hijo completamente trasformado y renovado.

Aferrados a esta palabra regresaron a su nación y no paso más de un mes para que el sueño más grande de sus corazones se hiciera realidad, ellos vieron cómo durante ese año, Dios, de manera sobrenatural cumplió su promesa, vieron cómo esta unción y esta palabra que recibieron en Bogotá dio fruto de manera inmediata.

Hoy vienen con su hijo y su nuera quienes llenos de pasión, quebranto y gratitud están corriendo por el fuego y a la vez están sedientos por recibir más de esta unción que fluye de Bogotá para el mundo entero.

“Ocúpate de Dios, búscale, corre por la unción y Él mismo se encargará de cada uno de tus asuntos, el Señor responde al clamor de unos padres apasionados por Él, que saben oír su voz y que corren por el fuego”  – afirmaron los pastores argentinos.

Dios quita cargas que hunden para entregar cargas ligeras que avivan

Sin el apoyo de nadie, Sandra Montoya vivía una vida llena de soledad, vulnerabilidad y desamparo, pues debía trabajar arduamente durante el día para poder traer el sustento a sus hijos y de esta manera sacarlos adelante hasta que un día se encuentra con el Señor.

Sandra llevaba una carga muy pesada sobre sus hombros, la responsabilidad por sacar sus tres hijos adelante, en medio de una gran ciudad que atemoriza a quienes no la conocen como lo es Bogotá, le intimidaban; sin embargo, luchaba cada día por sobrevivir con un salario mínimo. Nunca tuvo el apoyo de su esposo, pues era un hombre alcohólico e irresponsable que lejos de ofrecerle una estabilidad, se quedaba tranquilo en su comodidad porque todo lo tenía resuelto.

En medio del cansancio y la desilusión, cierto día, una amiga le comparte de Jesús a Sandra y le invita a hacer la oración de fe que para ella, en el momento, fueron unas palabras mecánicas, sin imaginar que ya había quedado una semilla en su corazón que más adelante daría su fruto.

“Yo sabía que necesitaba de Jesús, pero quería ir por mi propio camino pese a que me iba llevar a un abismo, sin embargo, leía la biblia y de lejos le miraba, luego me escondía como el que quiere y no quiere”, sostuvo Monroy.

Y es que ella tenía el paradigma que si venía a la iglesia le iban a cohibir de hacer cosas que ella amaba, por lo cual sacaba excusas para alejarse todo el tiempo.

Pasados dos años lo inesperado llegó, el esposo de Sandra a quien ella odiaba por los malos procesos que habían pasado, regresó con Jesús en su vida, y lleno de amor vino a conquistarla y a ofrecerle una nueva dedicación por su familia. Ella, por su parte, decidió darle una nueva oportunidad.

Al ver el testimonio de su esposo, Sandra decidió venir a la iglesia y el Señor sí que supo enamorarla, le cautivó y ella comenzó a disfrutar cada servicio de Avivamiento, donde el tiempo no pasa, aprendió a amar a todos los que le rodean, y con un suspiro profundo, cuenta que nunca más volvió a sentir soledad.

“Caminar con Dios es una bendición, lo que estimaba como valioso, ahora es como nada al lado del Señor”, agregó Sandra.

Lo que más le impactó es que nadie le persuadió a cambiar de rumbo, sino que fue algo que nació por convicción. Ahora es feliz y le sirve al Señor como ujier en este lugar, donde cada fin de semana vivencia milagros, prodigios y maravillas en miles de vidas.

Dios borra el pasado y es experto en escribir nuevas historias

Silvia había vivido un matrimonio complicado que le llevó a la ruptura de esa relación y pronto volvió a vivir donde su mamá junto con sus dos hijas, con la intención de iniciar de ceros, lejos de imaginarse que Dios había planeado un nuevo comienzo para ella.

Desorientada, triste y con mucha depresión llegó Silvia donde su mamá con sus dos niñas huyéndole al maltrato de su esposo, quien cada vez la menospreciaba más, dejándole heridas en su corazón que necesitaba sanar pronto.

Con el pasar del tiempo conoció a una persona, quien fingiendo amarla, le ilusionó y ella con el anhelo de sentirse protegida, amada y de tener una familia para sus hijas, aceptó, sin imaginar que le engañaba, pues estaba comprometido.

Silvia se sentía desolada, con ganas de morir, pues para ella todo había acabado y no le veía sentido a su vida. “Todas las mañanas me levantaba a llorar y le decía a mi mamá que me ayudara, que no sabía qué hacer con tanto dolor que llevaba dentro”, añadió.

Fue entonces cuando una amiga de su mamá le invitó al Centro Mundial de Avivamiento. Ella, con su corazón destrozado, como cuando un enfermo está a punto de morir y en busca de ayuda médica se apresura para salvar su vida, así llegó Silvia a la iglesia un domingo junto con sus dos niñas.

“Cuando entré, sentí que alguien me dio la bienvenida y me dijo: siéntate aquí”, afirmó Silvia.

Ella, tímidamente, se acomodó en la última silla, justo en el momento en que momento el Pastor Juan Sebastián Rodríguez estaba haciendo el llamado a salvación, ella no podía parar de llorar, sus niñas estaban siendo también quebrantadas; pero lo que más recuerda es que pudo experimentar una paz infinita que salía de lo más profundo de su alma, la adoración la envolvió y se sintió cautivada hacia el Señor. Le gustó tanto, que decidió regresar el próximo domingo.

A la semana siguiente fue de nuevo a la iglesia, y con mucha curiosidad como queriendo explorar un bello lugar al que acabas de llegar, rodeado de motivos e ilusiones, comenzó a caminar observando cada detalle, pero en esta ocasión ya menos tímida, quiso sentarse en los puestos de adelante. En medio de todo comenzó a preguntar acerca de las escuelas de formación y al enterarse que se podía preparar, comenzó esta aventura por aprender más.

Después de esto, Silvia pasó por un proceso de liberación para perdonar y sanar su corazón. Como si fuera poco, lo que jamás hubiese imaginado por un instante, cierto día vio a un ujier sirviendo y sintió una voz en su corazón que le dijo “ese hombre va a ser tu esposo, yo te lo voy a entregar”, enseguida ella dijo pensó: “noooo, no es posible, además no me interesa, no quiero”.

Curiosamente al poco tiempo, comenzaron a servir juntos y a conocerse más, pero a ella le parecía demasiado serio, percepción que se fue desdibujando y en un corto período logró entender que tenía al frente el amor verdadero, de esos que solo Dios sabe dar a sus hijos; y aunque su mamá estaba renuente a aceptar otro miembro en su familia, actualmente se sienten felices con esa bendición que vino a completar la bendición de Silvia.

Ahora están expectantes pues comienza una nueva etapa para sus vidas y ya su familia está conociendo del Señor.

“Una correccional no pudo cambiarme, pero Dios sí” – La impactante historia de Juan David en exclusiva para el Blog de Avivamiento

Juan David se había convertido en un delincuente a la edad de 13 años, y tuvo que padecer fuertes quebrantamientos antes de su encuentro con Jesús.

David fue un joven que creció solo, pues sus padres no tenían tiempo para él, lo cual le llevó a tocar fondo, pues sin darse cuenta se fue convirtiendo en expendedor de sustancias alucinógenas, las consumía y le gustaba el dinero fácil, por lo que comenzó a hurtar.

Parecía un día normal, y Juan David decidió salir a realizar una diligencia, maquinando que, de paso, aprovecharía para robar a alguien, así que vio una señora hablando por celular, y sin pensarlo se lanzó hacia ella, robándole el dispositivo. En ese instante comenzó a correr pero pronto un policía lo alcanzó y apuntándole con un arma, lo detuvo.

Al poco tiempo llegó la dueña del celular, quien en ese momento intentaba realizar la denuncia; minutos después llega su esposo. En este momento Juan David con lágrimas en sus ojos y voz entrecortada le pregunta al equipo periodístico de aviva2 “¿qué creen ustedes que hizo el esposo de esa señora a la que yo acababa de robar? ¿lanzarse y a darme golpes hasta el cansancio?”

Cuenta este joven que el sujeto le preguntó: “¿Te hace falta algo?” David le respondió que en verdad no; el hombre, sin titubear mirándole fijo le dijo: “¿por qué haces esto”? – enseguida respondió a su misma pregunta “esas son las amistades, ¿me prometes que si mi esposa no te denuncia tú vas a recibir a Cristo? Porque vas mal, y vas a terminar mal”. David, por su parte, se comprometió, aunque sus palabras en el momento no fueron sinceras, Dios sí las tomó en serio.

Y aunque en el momento estaba agradecido con Dios por haberle guardado, en su interior él no iba a cambiar, pensaba “me voy, salgo de este inconveniente, no me vuelven a ver y ya”; sin embargo, aclara que de Dios no se podía esconder, ni tampoco lo podía engañar.

La señora víctima del robo no lo denunció, pero fue enviado a la UPJ (Unidad Permanente de Justicia), institución que se ha convertido en una cárcel transitoria para jóvenes, allí recibió un fuerte trato y aquella misma noche lo colgaron desde las 10 y 30 p.m, hasta las 5 am, tiempo que Dios usó para doblegar su carácter, llevarle a un verdadero arrepentimiento y allí en medio de esta humillación, David le dijo a Dios: “Señor, estoy siendo malo y no quiero, así que ayúdame a ser útil a la sociedad”.

Al día siguiente, salió de ese lugar con la firme decisión de buscar un trabajo, y no tardó en conseguirlo, esta fue su primera victoria, pero sin embargo no podía dejar de fumar marihuana y un día cansado de luchar contra él mismo, se arrodilló en su cama y le dijo a Dios desde lo más profundo de su alma: “Si en verdad usted existe, manifiéstese a mi vida, porque se la quiero entregar, así que haga algo”, sostuvo. Ese día entendió que una correccional no lo pudo cambiar, pero sí el poder de Dios.

El miércoles llegó a trabajar y conoció a un señor llamado Fredy Garzón, a quien le abrió su corazón contándole su vida, fue entonces cuando Fredy mirándole fijo le dijo: “¿sabes qué? tú no estás aquí para trabajar, ni yo tampoco, porque mi verdadero trabajo es ganar almas para el Señor; en menos de 24 horas te voy a mostrar un Dios vivo que cambia y hace milagros”.

Estas palabras impactaron profundamente el corazón de David, quien inmediatamente comenzó a sentir la presencia de Dios, su cuerpo quedó inmóvil, era algo hermoso, sostuvo. El espíritu Santo lo comenzó a tocar y él no podía parar de llorar.

David cuenta que no conocía el Avivamiento y John Fredy le trajo, apenas entró en este lugar sintió que el Señor le puso su mano en el hombro y le dijo “Ya te tomé y no te voy a soltar”.

A partir de ahí se convirtió en un hombre radical que ama servirle en esta casa donde su presencia lo cubre todo.

¡La verdadera felicidad no se haya bajo los efectos del alcohol! – La historia de Esteban, quien fue rescatado de las profundidades del alcohol

Esteban llegó al Centro Mundial de Avivamiento hace 7 años atado al alcohol, cigarrillo y poco tiempo después su vida y hogar fueron restaurados.

Buscando un refugio seguro dónde encontrar respuestas al cambio de su esposo, llegó Jenny al Centro Mundial de Avivamiento, invitada por su cuñada. Ella le pedía al Señor que cambiara un poquito a su esposo Esteban para que no bebiera alcohol diariamente sino cada ocho días, petición que en ese momento era grande para ella, sin imaginar que los pensamientos de Dios eran más grandes que los suyos.

Jenny comenzó a ver que en la iglesia miles de vidas eran transformadas, lo que la llevó a soñar por su imposible y así, paso a paso, fue creciendo su fe, hasta que un día decidió invitarlo a la iglesia. Esteban por su parte vino y comenzó a sentirse amado, sin imaginar que Dios ya estaba actuando en su vida.

Los días pasaban y el milagro no llegaba, pues según Jenny, su esposo consentía tomar y fumar, ya que él era una persona extremadamente tímida, callada y solo conseguía ser espontáneo y expresivo bajo los efectos del alcohol.

Fue así como cierto día Esteban se fue a tomar con sus amigos y estando en unas canchas de fútbol, con cigarrillo y cerveza en mano, comenzó a predicar de Jesús a quienes estaban presentes, cuando uno de ellos mirándole fijamente le dijo: “Oiga amigo, ¿acaso usted no es cristiano?” – Esteban con voz tímida le contestó que sí lo era. Fue entonces cuando su amigo le dijo: “si usted es cristiano ¿hace aquí tomado y fumando?”

Esteban se sintió paralizado, como si una espada hubiese atravesado su pecho, y no era para menos, estaba siendo confrontado por Dios en ese instante a través de quien menos lo hubiera imaginado.

“Solté la cerveza, salí corriendo y llegué a llorar a mi casa”, agregó Esteban.

En medio de sentimientos encontrados como tristeza, pesadumbre y avergonzado con su esposa e hijos, despertó Esteban al día siguiente, se metió de nuevo al baño y mirándose en un espejo le abrió su corazón a Dios:

“Señor perdóname, llevas tiempo hablándome de que eso está mal, yo he querido cambiar en mis fuerzas, pero cada día caigo más profundo, ven a mi vida, pero necesito que lo hagas ya porque no quiero más ésta vida así “, sostuvo.

Esteban no podía parar de llorar y con su cuerpo tembloroso se postró delante de Dios, al poco tiempo comenzó a sentir un gozo y una paz indescriptible. Cuenta que cuando el Señor le tocó, sintió que le fue quitado un velo que había en sus ojos y a partir de ahí, nunca más volvió a sentir deseos de beber ni fumar.

Jenny dice que desde ese día su esposo se convirtió en un hombre maravilloso, que ama al Señor más que a su propia vida, transformándose en un hombre alegre, espontáneo, ya no por el efecto del alcohol, sino por la gracia de Jesús.

Hoy en día, Esteban y su familia caminan en rectitud sirviéndole a aquel que les liberó, limpió y restauró en este poderoso Avivamiento.

Avivamiento es como un jardín donde miles de vidas florecen – La historia de Elsa y su grandioso encuentro con Dios

Con cicatrices del pasado, llegó Elsa al Centro Mundial de Avivamiento hace 11 años y en este lugar fue restaurada, aprendió a ser una buscadora De Dios, lo cual le ha llevado a obtener grandes conquistas.

Elsa seguía el Avivamiento a través de los programas de canal Uno y posteriormente de ABN TV, canal 41. Aunque conocía del señor, tenía muchos paradigmas en su mente que no le permitían acercarse a su presencia, pues así se lo habían enseñado.

Cuando llegó a la iglesia observaba con reserva y timidez todo lo que ocurría en este lugar, hasta que un día su corazón se desbordó de amor y decidió confiar, descansar y disfrutar de la grandeza de Dios.

Su mayor debilidad se basaba en una baja autoestima, pues su padre le repetía desde niñas que ella no servía para nada y creció creyendo esa mentira; pues Dios se ha encargado de restaurarla y darle a conocer talentos y dones que ella no sabía que poseía.

Como el artista supremo el Señor tomó a Elsa, recogió sus pequeñeces y comenzó a moldearla para luego plantarla en este jardín de Avivamiento, hasta verla florecer en las artes.

Fue así cuando un día soñó que un ángel le enseñaba a hacer cortinas y le quedaban preciosas, a los pocos días un familiar le ofreció dinero por adelantado confiándole la hechura de unas de estas, ella recordó el sueño y no se negó.

“Aunque sentí temor, acepté el reto y quedaron hermosas” agregó Elsa.

De ahí en adelante arrancó su aventura por el diseño, fue aprendiendo técnicas, formas y ahí inició su empresa de cortinas. Ahora El señor les regaló una casa comercial para extenderse y actualmente la buscan para entregarle licitaciones que ha ganado y que le han representado muy buenas ganancias.

Elsa sostuvo que todas esas bendiciones son la añadidura de buscar al Señor, quien la levanta a las 2 de la mañana para orar y ella por su parte, se siente feliz pues vive tiempos inolvidables en su presencia. Agrega que está muy agradecida con los pastores Ricardo y María Patricia Rodríguez, quienes le enseñaron a ser buscadora de la presencia del Señor y su sueño es involucrarse más y servirle incansablemente en este lugar donde ha recibido el sustento y la confianza para soltarse en los brazos de su hacedor quien se ha convertido en su roca y refugio.

Renaciendo en medio de la desolación: una historia real de la familia Monroy

Clara y Juan Carlos Monroy llegaron al Centro Mundial de Avivamiento con una vida destrozada y aunque se acercaron en diferentes tiempos, El Señor les salvó, les restituyó y los unió haciéndolos en ejemplo como familia.

Cargando un peso por años y en total estado de indefensión, llegó Clara al Centro Mundial de Avivamiento, pues su esposo la había abandonado con dos niños uno de 4 y otro de 7; fue entonces cuando un día cualquiera decidió aceptar la invitación de venir a la iglesia como última alternativa para desfogar un poco el dolor que llevaba dentro.

Desde el primer instante que llegó a la iglesia no podía para de llorar, allí postrada y con su cabeza en tierra, desahogó el dolor de haber vivido tragedias, desolación, falta de amor, temor y una lista larga sin mencionar que no alcanzaría el tiempo para registrar en un solo escrito.

“Fueron instantes únicos donde sentí el amor de un ser real, ¿sería acaso Dios?” agregó Clara, refiriéndose a ese toque celestial que cambió su vida en una noche de viernes.

Bastó solo un instante para ser inundada de su amor, y poco a poco ese vacío que le había acompañado desde sus cinco años de edad por haber perdido a su mamá, comenzaba a disiparse de manera automática. Clara sostuvo que nunca había experimentado algo igual, Dios estaba ahí con ella, consolándola y diciéndole que él haría esa labor de madre, dándole todos esos abrazos que por tantos años había dejado de recibir.

Fue así como en 6 meses el Señor comenzó una transformación tanto en la parte física como espiritual en la vida de Clara. Su mirada ahora reflejaba la ilusión de un nuevo amanecer y la esperanza de que lo inesperado vendría.

Comenzó a preparase para servir en la iglesia y años después comenzó a pedirle al Señor un esposo que la amara a ella y a sus hijitos y fue así cuando cierto día le vio pasar, era un hombre apuesto tal y como ella lo había soñado.

A los pocos días los presentaron, se conocieron más y finalmente se casaron.

Juan Pablo había llegado en circunstancias similares a las de su esposa Clara al Avivamiento, con una historia marcada por el adulterio, depresión, intentos suicidas, donde la última vez los médicos no le habían dado esperanza de vida.

Este tipo de sucesos desencadenaron un deseo inmenso en Juan Carlos por buscar un auxilio que cambiara su historia. Fue así como llegó a este lugar para encontrarse con el especialista en atender personas desesperanzadas que necesitan un cuidado intensivo espiritual y como siempre el médico de médicos lo estaba esperando con regalos en el Centro Mundial de Avivamiento.

Al igual que Clara desde que llegó a la iglesia no paró de llorar y a partir de ese día, renació para dejar atrás su desolación.

De esta manera Dios unió dos personas que venían de vidas similares y como fruto de restauración a su familia les dio un hijo llamado Samuel, quien vino a completar la felicidad de un hogar que ha sido ejemplo para otras familias de la iglesia.